No recuerdo exactamente cuanto hace desde que el brote escapó. Todo pasó muy rapido, fueron sólo unas semanas cuando los grandes gobiernos desaparecieron por completo. Poco después los zombies ganaban en número a los humanos.
Lo único que podíamos hacer nosotros era agruparnos en grupos y tratar de sobrevivir. Pero ellos podían con nosotros.
Yo residía en Barcelona desde siempre. Y bueno, todavía resido.
Mi grupo llegó a tener a más de veinte personas. Pero poco a poco las perdimos a casi todas. Yo fui uno de ellos: en una emboscada, me tuve que refugiar en el edificio en el que resido. Por suerte, este estaba libre de esas criaturas.
Hace ya un mes de eso.
Hasta el dia de hoy, me he estado alimentando a base de la comida que había en las viviendas de los edificios. También me he dedicado a estudiar un poco a los zombies, aprovechando que ellos no me pueden ver desde donde estoy.
Al parecer, los zombies siguen pudriendose a no ser que coman algo de carne; son, por razones que desconozco, más nocturnos que diurnos; se guían basicamente por el olor, y no saben distinguir una presa que les dará mucha comida de una que no les dará tanta.
Poco más sé de ellos.
Hoy, hago un recuento de comida en todo el edificio, y me doy cuenta de que todo empieza a escasear, y calculo unos siete días de comida cómo mucho. Eso es malo.
También descubro un pequeño diario en el que voy a escribir mis días, por si alguien lo encuentra una vez que yo no esté.
Tengo que salir de la ciudad. ¿A dónde? No lo sé. Tal vez vaya a algún pueblo perdido en algún monte. Pero aquí no me puedo quedar. Está repleto de esas cosas...
No hay comentarios:
Publicar un comentario